Crítica de Las aventuras del doctor Dolittle, una nueva adaptación de un clásico de la literatura infantil.


Es innegable que vivimos en un momento en el que la originalidad rara vez es vista en la gran pantalla. Nos llegan producciones como Parásitos, sí, pero la gran mayoría de producciones que pasan por la gran pantalla son adaptaciones, secuelas o franquicias basadas en parques de atracciones o relatos perdidos en una gran biblioteca. Muchas de estas historias nos entretienen, nos ofrecen aventuras para pasar una gran tarde en el cine o en casa, pero otras muchas no.

Esta es la tercera ocasión en la que la historia creada por Hugh Lofting llega a la gran pantalla, aunque ha sido adaptada en más de 15 ocasiones, incluyendo varios musicales. Dr. Dolittle ha sido una película musical, una comedia alocada y ahora una aventura. Esta nueva entrega, protagonizada por Robert Downey Jr., se basa principalmente en la segunda historia de Los viajes del doctor Dolittle y, sin ninguna duda, es la que más se asimila a la obra original; con fantasía, comedia y aventura.

Los cuentos infantiles de Lofting lograron conquistar a los lectores, el primero de ellos publicado en 1920, y Stephen Gaghan, director y guionista de la película (junto a Dan Gregor, Doug Mand y Chris McKay), ha intentado replicarlo en la gran pantalla, pero lamentablemente no han llegado a conseguir su propósito, o quizás sí. Todo depende de las expectativas en taquilla.

Es una entrega infantil, ligera y en la que se nos muestra una aventura que posiblemente hayamos visto mil veces. Robert nos trae su propio Jack Sparrow, de echo, la aventura que se nos muestra podría estar sacada de un borrador de Piratas del caribe vs. Las Crónicas de Narnia. Es todo fantasía, colorido y ninguna pretensión. Parece sacada de otra época, una en la que seguramente la inocencia y la poca variedad en el cine infantil hubiese provocado que esta película fuese un pequeño éxito, pero hoy en día… hoy en día se queda a medio gas. ¿Os acordáis de la serie de Pippi Calzaslargas?

Este viaje lleno de animales no llega a aportar nada, ni técnicamente ni argumentalmente, baila sobre una linea entre lo pasado de moda e intentar ser moderno y divertido. Lo mejor es no esperar nada, verla (si es que uno quiere verla) y dejarse llevar por una aventura que, seguramente, hubiésemos disfrutado hace 20 años.

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