Crítica de ‘El Lobo de Wall Street’, con un Leonardo DiCaprio que se come la pantalla

El prestigioso cineasta Martin Scorsese ha llevado a la gran pantalla la historia basada en hechos reales del corredor de bolsa neoyorquino Jordan Belfort (Leonardo DiCaprio). Empezando por el sueño americano, hasta llegar a la codicia corporativa a finales de los ochenta, Belfort pasa de las acciones especulativas y la honradez, al lanzamiento indiscriminado de empresas en Bolsa y la corrupción. Su enorme éxito y fortuna cuando tenía poco más de veinte años como fundador de la agencia bursátil Belfort le valió el mote de «El lobo de Wall Street».

– El juego consiste en pasar el dinero del bolsillo de tu cliente a tu bolsillo.
Pero si puedes hacer que el cliente también gane dinero, todod salimos beneficiados, ¿correcto?
– No.

Título: El Lobo de Wall Street
Fecha de estreno: 17/01/2014

Esta entrada contiene Spoilers de la película.

CORRUPCIÓN, CORRUPCIÓN EVERYWHERE

Gracias a Universal Pictures Spain hemos podido ver «El Lobo de Wall Street», la nueva y esperada película de Martin Scorsese basada en la vida del broker neoyorquino Jordan Belfort (Leonardo DiCaprio). Como todo joven, Belfort soñaba con ganar dinero, pero en el momento en que entró por primera vez en Wall Street era inocente y sólo pensaba en ganar bastante para que su mujer y él tuvieran una buena calidad de vida. Pero en su primer día en Wall Street, Mark Hannah (Matthew McConaughey) le deja claras las reglas del juego: hay que engañar a tus clientes para que compren todas las acciones que quieras, para así enriquecerte a su costa y poder pagarte lo que una vida así de estresante y violenta requiere. Aunque al principio la cara del joven Belfort es de horror al ver el desfile ideológico cargado de vicio y corrupción, no tarda en aprender la lección y superar a su maestro. Contando con un puñado de conocidos de dudosa moralidad y con el mismo sueño de enriquecerse a costa de lo que sea, monta una agencia bursátil partiendo de la nada hasta llegar a ganar cifras obscenas y llevar una vida igual de obscena (en todos, absolutamente todos los sentidos en que es aplicable el término)

La película arranca y las dos primeras horas son un no parar. Al fin y al cabo, somos testigos de como Belfort monta su imperio a partir de cuatro migajas. El ritmo de la narración, unido al montaje, hacen que la historia prácticamente se cuente sola. De hecho, el montaje de algunas escenas con la banda sonora apropiada es sobresaliente, así como los momentos en que el protagonista habla a cámara para aclarar alguna cosa.

UN DICAPRIO QUE SE COME A TODOS CON PATATAS 

Eso si, el mérito de este torrente de emociones es el propio Leonardo DiCaprio. Poquito queda en él de «el chico de Titanic» y nos lo demuestra con cada nueva película en la que le vemos bordar un papel. Porque la verdad es que este papel lo borda. Y hay que ser muy buen actor para que tu personaje pase de ser un niño bueno a ser un loco putero drogadicto y corrupto y sea creíble, ¿verdad?

La película tiene muchísimas dosis de humor. Y es que incluso algunas escenas más serias quedan marcadas por la excéntrica personalidad de Belfort, arrancando carcajadas por doquier. Aunque he de decir (sí, ahora viene mi «pero») que no me reí en la mayoría de ellas. Aunque puede que mi problema es que soy demasiado boy scout para reirme con escenas que implican drogadicción y prostitución a niveles astronómicos. Vaya, que yo no puedo reirme viendo a alguien arrastrarse por el suelo babeando por el colocón que lleva. Pero dado que la sala entera reía a carcajadas, supongo que será cosa mía. De hecho, que la mayoría de bromas y gracias sean de este calibre y que tales excesos marquen la parte final de la película puede que sean los responsables de que se me hiciera eterna. Si no obstante no tienes ningún problema con este humor tan gamberro, vas a disfrutarla mucho.

 

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