Puede que decir que una película protagonizada por Maggie Smith es buena sea una obviedad. O puede que en realidad, no sea más que mi obsesión por las señoras mayores inglesas las que me llevan a decir cosas de estas. Entiendo que el hecho de que sea yo el que habla de esta película haga que más de uno (de los que me conocen, claro… si no me conoces, esto te da exactamente igual) piense que va más allá incluso de dicha obviedad, puesto que si fuera por mí, todas las películas deberían estar protagonizadas por Maggie, Judi, la Mirren o la Stauton.   Pero dejadme que me explaye, para que no penséis que hablo desde el “talifanismo”, si no que sé de lo que me hablo.

Esta película, obviamente, depende sobre todo de su actriz principal y de su manera de dar vida a un personaje difícil: Mary Shepherd, una ex monja vagabunda, con mucha amargura por dentro y olor a pis rancio por fuera, que vive en una furgoneta que aparca en diferentes zonas de Camden, hasta que acaba aparcada en el patio de la casa de Alan Bennet, escritor teatral y autor de la obra en que está basada esta película. El personaje de Maggie es el que lleva el peso de la película, al fin y al cabo ella es la mujer de la furgoneta, y su don para retratar a personajes que tan pronto te producen dulzura como asco y mala leche, hace que sea muy fácil conectar con su personaje.

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Creo que también esta facilidad de conectar con su personaje, nos allana el camino para llegar a entender las acciones de Bennet, que primero ve desde la distancia a Miss Shepherd y acaba acogiéndola en su vida durante más de 15 años, tanto en que, sin quererlo, se convierte en su cuidador, como a él se refiere en más de una ocasión la trabajadora social que visita a Mary en su furgoneta. Alex Jenkins, en el papel de Alan Bennet nos regala la otra gran interpretación protagonista de la película. Bennet es un famoso autor británico, de teatro y libros autobiográficos, un personajes esencialmente británico con el que el público conecta enseguida. Ya al principio de la película se nos presentan dos Alan Bennet, el que vive y el que escribe, dos caras del mismo personaje que discuten como un matrimonio, y que se debaten entre actuar, o dejar la vida pasar. Y es Bennet (ambos, en realidad), el que nos acerca a esta mujer difícil, desagradecida y miedosa. Es a través de sus ojos que aprendemos a apreciar a la mujer de la furgoneta y, es, precisamente, esa mirada, la que hace que funcione esta película. Es esa mirada la que hace que esta película sea algo más que otra película para que unas cuantas señoronas pasen la tarde en el cine (inciso aquí: yo adoro ese tipo de películas).

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La historia nos cuenta esos 15 años en que Shepherd y Bennet conviven, como ambos evolucionan, por separado y juntos, y como conviven con un reparto de secundarios maravillosos, encabezados por Frances de la Tour, magnifica en su retrato de la poetisa Ursula Vaughan Williams.

Es una película emocionante, entretenida, pero sobre todo divertida. Pero de esa diversión británica, de esa diversión que te hace pensar y que es de todo menos simple.

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