Mujeres Desesperadas es quizá, junto con Anatomía de Grey, la primera serie que empecé a seguir a ritmo USA y a seguir enfermizamente (sí, llegue al mundo de las series un poco tarde). Los resultados fueron bien distintos, abandoné la serie de Shonda Rhimes harta de las pajas mentales de la susodicha mientras que durante ocho años he acudido fiel a mi cita de los lunes con las chicas de Wisteria Lane, así que, que menos que coger prestado un blog y hacerles un pequeño homenaje.

Cuando hablamos de las desesperadas a todos nos vienen a la mente los misterios de cada temporada, las catástrofes, el suicidio de Mary Alice, Paul Young y mil cosas más relacionadas con el drama, sin embargo no nos podemos olvidar de lo que estas cuatro mujeres y el resto del barrio nos han hecho reír, porque no sé vosotros, pero yo me he reído a carcajada limpia con ellas, que ya es más de lo que puedo decir de algunas comedias y es que si algo hay que reconocerle a Marc Cherry es el haber sabido mezclar tramas con una carga dramática importante con momentos de comedia geniales a las mil maravillas, por ejemplo, en el piloto (ese maravilloso piloto) no podía dar crédito cuando vi a Lynette meterse en la piscina en pleno funeral de Mary Alice para sacar a sus gemelos de la piscina, o cuando tuvo cáncer y su madre tuvo la brillante idea de hacerle un brownie con marihuana y claro…pasó lo que pasó…

Lynette acaba haciendo referencia al intento de suicidio de Eddie

Inolvidables son aquellos momentos con Gaby, John Rowland y Carlos, como cuando ésta acaba cortando el césped con arregladísima de la muerte con un vestido impresionante para que su marido no se enterase de que estaba montándoselo con el jardinero, una táctica infalible claro, ¿quién no ha cortado nunca el césped antes de una boda? Y es que las discusiones entre Carlos y Gabrielle Solís se han convertido en una seña de identidad de la serie y de ellos mismos

Gabrielle y Carlos destrozan la casa durante una discusión

No puedo hablar de los Solís sin mencionar a sus hijas, especialmente a Juanita (léase Huanira), que casi acaba con los nervios de su madre y algún que otro profesor pero que a los espectadores nos ha hecho reír como la que más

Juanita Solís descubre que es mexicana

Quizá la más recordada por este tipo de situaciones es Susan Mayer/Deflino, también es la que más se presta, tan patosa y desastre que es odiada por muchos pero seamos sinceros, por más que Susan sea capaz de sacar de quicio a cualquiera ¿quién no se ha sentido identificada con ella? No digo que le hayáis tirado un batido por encima a la esposa comatosa del tío que os gusta, ni que hayáis estado a punto de envenenar con galletas a medio barrio pero sí probablemente algo más parecido a esto:

Susan se queda en la calle desnuda

Bree Van de Kamp (siempre será Van de Kamp), tal vez la que más tragedias haya tenido que soportar a lo largo de estas ocho temporadas (recordemos que su primer marido lloraba al eyacular), en mi opinión, aunque ya sólo sea por su lucha interior con la culpa que ha ido acumulando durante años. A pesar de todo esto, creo que no me equivoco si digo que es el personaje que más me ha divertido, ¿quién me iba a decir a mí que iba a ver a nada más o nada menos que Bree decirle a su hijo “You’re here, you’re queer“? Otro gran mérito de Marc Cherry.

Bree se clava un tenedor en su barriga falsa de embarazada

 

Bree tiene su primer orgasmo con su segundo marido

 

En definitiva, ha quedado claro cuánto las voy a echar de menos, así que sólo me queda darles las gracias por estos ochos años y mirar Amazon a diario para ver cuando sale un pack de la serie completa. Hasta siempre, chicas.

Desperate Housewives Bloggers Day

 

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