Un ‘heritage drama’ sobre el proceso de partición del subcontinente indio con una gran interpretación por parte de Gillian Anderson.


En 1947, después de 300 años, el Imperio Británico se prepara para devolver la India a su pueblo. Lord Mountbatten, bisnieto de la Reina Victoria, es el encargado de llevar a cabo este proceso. Llega junto a su mujer y a su hija a una India dividida entre hindus, sij y musulmanes. Estos últimos piden la creación de una nueva nación, Pakistán, durante el proceso de independencia del subcontinente. Con este doloroso proceso de fondo, la película además nos cuenta la historia de amor entre dos criados de la casa del Virrey: Jeet, hindú y Aalia, musulmana.

Esta película, dirigida por Gurinder Chadha, nos adentra en uno de los procesos más interesantes y difíciles de la historia de Asia y del Imperio Británico del siglo XX, y precisamente por ese interés que levanta el proceso de independencia, la historia de amor entre Jeet y Aalia queda relegada a ser una subtrama más. A pesar de esto, su historia de amor humaniza un proceso histórico que la directora nos muestra entremezclando imagen real dentro de la película.

Mientras que Gillian Anderson brilla como Edwina Mountbatten y roba casi cada una de las escenas en las que interviene, Hugh Bonneville, conocido por su papel en ‘Downton Abbey’, parece repetir aquí su papel como Robert Crawley en la famosa serie británica. Michael Gambon está perfecto en su papel del General Hastings Ismay, como también lo están Neeraj Kabi como Gandhi y Denzil Smith como Muhammad Ali Jinnah (lider de la Liga Musulmana Pan India). Estos dos últimos destacan por su parecido con las personas reales a las que interpretan.

Resulta interesante ver cómo evoluciona la imagen de la India en la película según los Mountbatten van conociendo más lo que está ocurriendo. A su llegada nos encontramos con una India colorista y optimista. Hay, incluso una escena en la que Jeet y Aalia se reencuentran, que recuerda a ‘La Boda del Monzón’. Pero según ellos van encontrándose con noticias de ataques y los problemas de la reubicación de las diferentes comunidades, el colorido va quedando atrás, incluso en la propia casa del Virrey.

Esta es una película que junta lo mejor del cine británico producido por la BBC con lo mejor del cine de Bollywood, pero que no olvida lo catastrófico del proceso de partición que acabó con la división del subcontinente indio en dos, una reflexión neutral, donde la directora no se pone del lado de nadie y muestra lo bueno y lo malo de todos y cada uno de los agentes decisivos en este proceso.

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