Gracias a «El Código Da Vinci» Dan Brown llegó a las estanterías de muchos hogares, y tiempo más tarde, Ron Howard nos trajo esa aventura en imagen real. Con más de 700 millones de dólares de recaudación no tardó mucho en llegar «Ángeles y demonios», y ahora, siete años más tarde, nos llega la cuarta novela, «Inferno», a la gran pantalla.

Después de saltarse el tercer libro, «El símbolo perdido», nos encontramos a un Robert Langdon en la ciudad de Florencia, ni él, ni nosotros, sabemos que hace ahí ni porque alguien intenta matarle. Un virus terrible está a punto de ser liberado, y él es el único que puede localizarlo antes de la hora cero. Con esta tercera entrega Ron Howard nos ofrece una película mucho más directa y llena de acción. El misterio y las organizaciones secretas se han dejado a un lado para ofrecernos un espectáculo puramente visual.

Tom Hanks se vuelve a meter en la piel de Robert, y nos encontramos a Felicity Jones como Sienna Brooks, su compañera de viaje. Después de dos películas donde el simbolismo, los secretos, los misterios y los puzzles eran el centro de la historia, ahora nos encontramos una película donde la acción gira entorno a un atentado terrorista. Como ya he dicho, la película es mucho más, «pim, pam, pum», vamos, que va directa al meollo, pero también nos encontramos pequeñas dosis de rompecabezas.

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Una historia más global

Durante el viaje de Robert por la gran pantalla, se ha enfrentado a una organización que quería encontrar a María Magdalena para destruirla o a un camarlengo bastante loco, pero todo con un toque de misterio, de antiguo, de secretos. Ahora no, bueno, sale Dante y su Inferno de La Divina Comedia, pero la acción e historia no se centra en eso.

Personalmente tengo que decir que la película es bastante adictiva y es un buen entretenimiento, yo no había leído este libro y alguno de los giros me resultó interesante y apropiado, pero es verdad que da la impresión de que no sabían como conseguir un final satisfactorio. Durante la película vemos flashbacks de lo que le ocurrió a Robert antes de recibir el golpe en la cabeza, y al final, nos vuelven a repetir esos flashbacks de forma ordenada. ¡No hace falta! Es innecesario y lo único que consiguen es que parezca que no saben que hacer.

Es verdad que Dan Brown tiene un problema con los finales de sus novelas, pero en las películas todos parecen más un circo que algo serio. De todas formas nos encontramos con una película de acción que logra mantener un buen ritmo en la mayoria de su metraje. Quizá nos encontremos con una película un poco más Jason Bourne y menos «El código Da Vinci», donde la acción es la reina de la fiesta.

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