Esta semana ha llegado a NBC la nueva serie de Katherine Heigl, una serie que mezcla «Homeland», «Madam Secretary» y «Scandal» pero que tristemente logra que el espectador logre prestar la suficiente atención como para seguir la historia. Tenia muchas ganas de ver esta serie y darle una oportunidad a la mamarracha (con amor) de Heigl, y ha sido una verdadera pena que nada más empezar el episodio consiguiese que todo me importase más bien poco.

Explosiones, ruido y mucha locura en los primeros minutos de un piloto en el que la pobre Kat parece más perdida que el espectador. Ella está bien pero parece un pato mareado intentando encontrar un tono entre serio y trepidante, y aunque la música y movimientos de cámara intenten hacernos creer que estamos viendo 24… no, no lo es.

Nuestra protagonista vive una situación traumática, ve como su prometido es asesinado frente a ella en un area de guerra, pero ella no es una chica cualquiera, trabaja para el gobierno de EEUU, y su prometido tampoco es un mindundi, es el hijo de la presidenta de los EEUU. No todo es lo que parece, y todos guardan secretos, eso es lo que nos quiere decir este primer episodio. La verdad es que no se si seguiré con la serie o no, muchas series tienen un piloto muy flojo pero luego empiezan a coger ritmo, por lo menos ella está «creíble» y no hay nada que produzca un sarpullido en el espectador.

Al terminar de ver el episodio deja una sensación enorme de indiferencia y este es su gran problema, se nota que tiene la intención de enganchar pero no logra comunicar con el espectador ni resultar interesante, y el cliffhanger no consigue su propósito. ¿Veré el segundo episodio? Pues seguramente sí, siempre he dicho que una serie necesita un tiempo para crecer y muy mal tiene que conducir sus historias para resultar aburrida.

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